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25Jun
  • By Litoral
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Poesía escrita (y pintada) en el agua

La literatura y el arte que ha inspirado el líquido elemento en todas sus manifestaciones acapara la última entrega de la publicación que fundaron los poetas malagueños de la Generación del 27

Si «el agua es la sangre de la tierra» en las letras libres de Carlos Edmundo de Ory, en la entrega más reciente de la revista ‘Litoral’ no es menos. Corre por ella como el alimento de su tinta, que suelta la poesía escrita sobre el agua, en el propio agua, mientras discurre un museo paralelo de cuadros de todos los siglos que obedecen a la fórmula del H2O.

El monográfico ‘Litoral. Agua, arte &literatura’, realizado con la colaboración de la Fundación Nueva Cultura del Agua, se remonta a los orígenes del líquido elemento, desde su empleo en Egipto o Grecia. Y, a renglón seguido, se embarca en un itinerario por el arte y la literatura que ha emanado del agua en todas sus formas. De los ríos, las cascadas, la nieve, el hielo, la gota de José Emilio Pacheco, los puentes de Rimbaud, las nubes de Magritte o los lagos, esos «charcos que quedaron del Diluvio», tal y como dejó escrito Ramón Gómez de la Serna.

También cae sobre este recorrido la lluvia, que «juega un papel muy significativo en este número» si se siguen las palabras del director de ‘Litoral’, Lorenzo Saval. Poemas sobre ella de Caballero Bonald y Ángel González abrazan la sentencia vecina de Charles Simic: «Soy hijo de los domingos lluviosos de mi juventud».

Igualmente, la certeza de que sin lluvia no habría paraguas atraviesa poemas de María Victoria Atencia, Lorenzo Oliván o Karmelo C. Irribarren, a quien se le debe el titulado ‘Los paraguas, los taxis’: «Esa es la diferencia: / los taxis son como ciertos amigos, / nunca están cuando más los necesitas. / Los paraguas, en cambio, mueren por ti», se lee en él.

Otra dicotomía inseparable, la de la sed y el vaso de agua, congrega a Emilio Prados o Alejandra Pizarnik. Y narradores como Garriga Vela, Alfredo Taján, Luis Landero, Benítez Reyes y Julio Llamazares figuran entre la docena de autores que comentan otras tantas fotos históricas.

De esta antología tan líquida como cambiante, tan variada como fluida, no se escapa el imperio entre sibarita y decorativo de las piscinas. Se asoman desde las piscinas que pintó David Hockney a aquellas a las que le cantaron Eduardo Chirinos, que soñó con un Cristo que hacía largos en crol, espalda o mariposa, y Justo Navarro, de quien se rescatan los versos de ‘Piscina Astoria’: “He visto un albornoz vacío / flotando en la piscina”.

 

Y, tras sucederse creaciones de esta calaña, irrumpe un álbum fotográfico, titulado ‘Glamour con cloro’, que revivelos chapuzones de mitos como Marilyn Monroe, Greta Garbo, Esther Williams, Errol Flynn, Sophia Loren o Jayne Mansfield.

A este baño multitudinario también se suman ‘nadadoras’ como las que evocó Jorge Guillén: “Muchachas que son música en la mano / De nuestra primavera”. E, igualmente, las lavanderas que trazó arrodilladas Paul Gauguin conviven con la ropa tendida por los versos de Claudio Rodríguez: “¡Yo desde aquel día / la eché a lo sucio para siempre, para / ya no lavarla más, y me servía!”.

Posteriormente, en el epílogo en el que desembocan estas 250 páginas, hay ilustraciones y viñetas de Andrés Rábago ‘El Roto’ sobre la cultura del agua; un periplo por las navegaciones más variopintas que tiene su primer suspiro pictórico en los remeros de Renoir; o incluso aparece el líquido elemento en su dimensión más trágica.

De hecho, la poética cruel de las inundaciones se apodera de la fotografía de un autor anónimo que muestra los libros de una biblioteca parisina arrastrados por el agua a la calle en 1910, y junto a ella se reproduce el poema de Bertolt Brecht ‘Del río que todo lo arrastra’.

Para las sequías hay otro apartado en el que, a modo de homenaje a Tomas Tranströmer, se reproduce el poema ‘Después de una larga sequía’: “Lejos están las ciudades y el sol / El trueno está en la hierba alta”, se lee entre las palabras encadenadas por el Nobel de Literatura sueco que, según recuerda ahora Lorenzo Saval, “falleció mientras se preparaba este número de ‘Litoral'”.

 

CRISTÓBAL G. MONTILLA
Artículo publicado en El Mundo
18/06/2015