La locura. Arte y literatura —RL263— Edición impresa

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    Revista Litoral  nº 263
    Año 2017
    Páginas 292

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No quiero caminar entre locos. —Dijo Alicia.
Oh, no puedes hacer nada, —le respondió el gato—.
Todos estamos locos aquí.
Lewis Caroll

Sí, todos estamos locos aquí y si abrimos la puerta y las ventanas se nos aparecerán más locos, este es un Litoral delirante y como decía Robert Walser a menudo necesitamos del delirio para mantenernos de algún modo a flote en el oleaje de la vida.

Y sobre esas olas empezamos el viaje, la aventura podrá ser loca, nos advertía Chesterton, pero el aventurero debe estar cuerdo para llevarla a cabo, situación complicada para quienes llevamos la nave porque sólo la locura es la que nos ha impedido abandonarla.

Esta revista fue creada en los años locos, en la misma época en que Emile Krapelin, el iniciador de la psiquiatría científica moderna, clasificaba a los pacientes de acuerdo a su conducta. Emilio Prados y Manuel Altolaguirre dejaron señales evidentes de ese alegre extravío de la razón al concebirla y los que la continuamos seguimos extraviados, pero con la razón perdida en la mirada, esa que te dice que el viaje es muy largo, pero que tienes que hacerlo cuando se lleva anclado el horizonte en la maleta, un equipaje muy pesado de emociones que no  hay que perder nunca, porque ahí está el sentido de la vida.

Muchas geografías rasgadas del alma humana se nos aparecen en estas páginas, reflexiones y visiones de un mundo alejado de la razón pero que tienen en esa lejanía una atracción que la hace cercana. Hemos convivido siempre con la locura, tenemos amigos locos, hemos leído todo tipo de textos demenciales, nos hemos quedado extasiados con cuadros, sucesos y fotografías donde se presenta la sinrazón y se dibujan los perfiles del extravío. Hay algo en la locura que invita a seguirla, desde revisar a los clásicos, reencontrarnos con autores que el tiempo había olvidado, leer poemas o revisitar films y comics para que otra vez sean los locos los héroes de la historia, como lo eran en la antigüedad, considerados en ciertas culturas como seres elegidos por los dioses.

Tuvimos que caminar entre ellos para que todo tuviera sentido en este mundo del sinsentido. Como dijo Dryden, la locura contiene un cierto placer que sólo el loco conoce y nuestra intención no tenía otro encuentro que abrazarnos y transmitir ese cierto placer en esta desordenada niebla que es la cordura.

Lorenzo Saval