Máquinas viajeras. El arte de volar + Líneas marítimas

  • 24.90

    PACK DE 2 EJEMPLARES
    Nº 256 EL ARTE DE VOLAR
    Nº 254 LÍNEAS MARÍTIMAS

    EDICIÓN:
    LORENZO SAVAL
    ANTONIO LAFARQUE
    JOSÉ ANTONIO MESA TORÉ

    24 x 17 centímetros
    Papel: 135 gramos
    Cubierta: cartulina 300 gramos
    Encuadernación: rústica cosida con hilo
    PVP: 24,90 euros
    ISSN: 0212-4378
    ISBN: 978-84-947439-2-4
    Depósito Legal: MA 128-1968

    SKU: RL_2x1_maq. Categoría: , .

Litoral recoge en este pack dos números con los medios de transporte como nexo común, donde la poesía, el arte y el pensamiento acompañarán al lector en su travesía, de la mano de grandes pasajeros de la literatura.

Líneas marítimas recoge a través de textos e ilustraciones la fascinación de incontables poetas, novelistas, dramaturgos y artistas plásticos por los barcos: desde Mark Twaina Arturo Pérez-Reverte pasando por Stevenson, Conrad, London, Juan RamónJiménez, F. Scott Fitzgerald, Hemingway, García Lorca, Alberti, Neruda, Barral y Caballero Bonald, entre otros. Se ocupa también de la construcción de los barcos en los astilleros; de las cartas de navegación, brújulas y astrolabios; de algunas de las partes más representativas de los navíos: hélices, anclas, chimeneas; de los puertos y su ambiente de llegadas y despedidas; de las tripulaciones y las innumerables clases de embarcaciones; de los ojos del mar: los faros; de la leyenda de los barcos fantasmas; de la parte oculta del mar visitada por buzos y submarinos; de los barcos piratas; de la naturaleza romántica de los mascarones de proa; de las miniaturas; de los naufragios.

El arte de volar se ha construido con los mismos planos que Líneas marítimas, su antecesor en esta serie dedicada a los medios de transporte. Si antes había capitanes, faros y barcos, ahora hay pilotos, aeropuertos y aviones. Los pasajeros siempre serán los mismos, no importa como viajen, si por mar, aire o por tierra, la poesía siempre los encuentra, abrazados en un muelle, en una lista de espera o solos en una carretera.

Y con esos planos en la mano pudimos cambiar buzos por paracaidistas o trasatlánticos por zepelines sin alterar demasiado el rumbo, aunque fuera ahora el vuelo como idea poética, lo que llevamos en el equipaje.